No eres un barco a la deriva. Aunque no controlas el viento, puedes ajustar las velas
Ante cualquier situación, piensa de manera racional sobre lo que realmente puedes controlar. Sé consciente de tus capacidades, pero también de tus limitaciones. Si el resultado final es positivo, no te atribuyas todo el mérito. Si es negativo, no te atribuyas toda la culpa.
El mundo es más complejo de lo que piensas. Si en algún momento te sientes abrumado por los acontecimientos, pon el foco en lo que puedes manejar, por pequeño que sea. Tomar el control de pequeños hábitos, o decisiones, te permitirá controlar cosas mayores. Cada elección, por pequeña que sea, refuerza la percepción de control.